MARZO 9

LA PALABRA DE DIOS

Y le echaron en el foso de los leones

DANIEL 6: 16


Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones.

Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.

REFLEXIÓN

El capítulo 6 de Daniel nos lleva al corazón de un conflicto entre integridad y conspiración. Daniel, ya anciano y con una trayectoria intachable, es víctima de la envidia de otros funcionarios del reino, quienes idean un plan para hacerlo caer. Saben que no podrán hallarle falta alguna, excepto en su fidelidad a Dios (Daniel 6:5). Así, manipulan al rey Darío para que firme un decreto que prohíba orar a cualquier dios o persona que no sea él durante treinta días (Daniel 6:7-9). ¿Qué hace Daniel? Sin temor, sigue orando tres veces al día como siempre lo hacía, con las ventanas abiertas hacia Jerusalén (v. 10). Su devoción no dependía de las circunstancias. La fidelidad de Daniel no lo libró del foso, pero sí aseguró la presencia de Dios en medio de él. ¡Qué lección poderosa para nosotros! A veces creemos que obedecer a Dios nos mantendrá alejados del dolor o de la adversidad, pero la historia de Daniel nos muestra que muchas veces la fidelidad nos lleva precisamente a lugares incómodos, donde nuestra fe es probada y el poder de Dios se manifiesta con mayor gloria. Daniel no dejó de orar, no se escondió ni negoció su fe. Y aunque fue arrojado al foso, Dios no lo dejó solo.


Este capítulo no solo nos muestra a un hombre valiente, sino también a un rey angustiado. Darío aprecia a Daniel, pero se ve atrapado por su propio decreto. Al arrojar a Daniel al foso de los leones, expresa una esperanza conmovedora: “El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre”. Esa noche, el rey no come, no duerme y ni música escucha. Y al amanecer, corre al foso preguntando con voz triste si Daniel aún vive. ¡Y lo increíble sucede! Daniel responde: “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones”. Dios honra a quienes le son fieles aun bajo amenaza de muerte. Al igual que Daniel, podemos mantenernos firmes. No por nuestras fuerzas, sino por la certeza de que servimos a un Dios fiel, que honra a quienes le honran (1 Samuel 2:30). El mundo puede intentar acallarnos, empujarnos al temor, pero nosotros elegimos seguir confiando, orando y sirviendo. Porque aun en medio del foso, el Dios que ve en lo secreto sigue obrando a nuestro favor. 



¿Cuántas veces hemos sentido que estamos rodeados de “leones”? Problemas financieros, enfermedades, relaciones rotas o decisiones difíciles pueden hacernos sentir atrapados, sin salida. Sin embargo, esta historia nos recuerda que no estamos solos. El mismo Dios al que servimos en lo secreto es el que pelea por nosotros en lo profundo del foso. Aun cuando las circunstancias parezcan adversas, nuestra confianza debe estar en Aquel que tiene poder para cerrar bocas, calmar tempestades y rescatarnos cuando todo parece perdido. Tú y yo también enfrentamos “decretos” modernos: presiones sociales, decisiones éticas difíciles, momentos donde seguir a Cristo puede costarnos comodidad o aprobación. Pero el ejemplo de Daniel nos recuerda que vale la pena mantenerse firme. La fidelidad continua —no ocasional— es la que Dios recompensa. Y cuando todo parece perdido, Él puede enviar ángeles, cerrar bocas, y darte honra en lugar de vergüenza (Daniel 6:23-28). No temas al foso: teme no ser fiel. Porque en la fidelidad está la verdadera libertad.


Señor, gracias porque en medio de mis fosos personales, Tú estás conmigo. Aunque a veces el miedo me rodea y las pruebas me asfixian, sé que Tú tienes el poder para librarme. Ayúdame a seguirte con fidelidad, a no renunciar a mi fe ni a mi obediencia por temor a las consecuencias. Que mi vida sea un reflejo constante de confianza en Ti. Y si alguna vez caigo en el foso, que pueda recordar que no estoy sola, porque Tú, mi Dios, estás ahí para sostenerme y levantarme.En el nombre de Jesús, amén.

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