Dios, escucha mi oración
SALMOS 102: 1 - 2
1 Dios, escucha mi oración, llegue a ti mi clamor.
2 No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia; inclina a mí tu oído; apresúrate a responderme el día que te invocare.
Hay momentos en la vida en que sentimos que el peso de la angustia nos abruma, que nuestras fuerzas flaquean y que las respuestas tardan en llegar. El salmista clama con urgencia: “No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia” (Salmo 102:2). Esta súplica refleja la desesperación de un corazón que anhela el auxilio divino. Pero en medio de la aflicción, Dios no permanece en silencio. Su amor y fidelidad son inquebrantables, y aunque a veces parece que no responde de inmediato, Él nunca nos deja solos.
Cuando clamamos a Dios, podemos tener la seguridad de que nos escucha. Jesús mismo nos enseñó que nuestro Padre celestial sabe de antemano lo que necesitamos (Mateo 6:8). Sin embargo, el acto de orar fortalece nuestra fe y nos acerca más a Su presencia. A veces, las respuestas no llegan en el tiempo o la forma que esperamos, pero Dios siempre obra para nuestro bien (Romanos 8:28). En los momentos de angustia, en lugar de desesperarnos, podemos descansar en la certeza de que Él está atento a nuestro clamor y obrando en nuestras vidas.
Hoy, si sientes que tu oración se pierde en el vacío, recuerda que Dios es un Padre amoroso que inclina Su oído a Sus hijos. No dejes de orar, no dejes de confiar. Su respuesta llegará en el momento perfecto, con la paz y el consuelo que solo Él puede dar. Como el salmista, clama con fe y espera con paciencia, porque el Señor es fiel a Su promesa: “Clama a mí, y yo te responderé” (Jeremías 33:3).
Amado Padre celestial, Tú conoces mis angustias y mis necesidades antes de que las exprese. Escucha mi oración y dame la paz que solo Tú puedes dar. Ayúdame a confiar en Tu tiempo y en Tu fidelidad, sabiendo que siempre estás obrando para mi bien. Gracias porque nunca me dejas solo y porque, aun en los momentos de silencio, Tú sigues siendo mi refugio y mi fortaleza. En el nombre de Jesús, amén.