Si escuchas la voz del Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti
DEUTERONOMIO 28: 1 - 13
1 Si tú escuchas con atención la voz del Señor tu Dios, y cumples y pones en práctica todos los mandamientos que hoy te mando cumplir, el Señor tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.
2 Si escuchas la voz del Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti, y te alcanzarán:
3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito en el campo.
4 Bendito será el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, y las crías de tus vacas y los rebaños de tus ovejas.
5 Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar.
6 Bendito serás cuando entres, y bendito cuando salgas.
7 El Señor derrotará a tus enemigos que se levanten contra ti. Por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de ti.
8 El Señor enviará su bendición sobre tus graneros y sobre todo aquello en que pongas tu mano, y te bendecirá en la tierra que el Señor tu Dios te da.
9 El Señor te confirmará como su pueblo santo, tal y como te lo ha jurado, siempre y cuando cumplas los mandamientos del Señor tu Dios, y sigas sus caminos.
10 Todos los pueblos de la tierra verán que el nombre del Señor es invocado sobre ti, y te temerán.
11 En el país que el Señor juró a tus padres que te daría, el Señor hará que sobreabundes en bienes, y en el fruto de tu vientre, y en el fruto de tus animales, y en el fruto de tu tierra.
12 El Señor te abrirá su tesoro de bondad, que es el cielo, y en su tiempo te enviará la lluvia a tu tierra, y bendecirá todo lo que hagas con tus manos. Harás préstamos a muchas naciones, pero tú no pedirás prestado nada.
13 El Señor te pondrá por cabeza, no por cola. Estarás por encima de todo, nunca por debajo, siempre y cuando obedezcas y cumplas los mandamientos del Señor tu Dios, que hoy te ordeno cumplir
El capítulo 28 de Deuteronomio es un canto poderoso a la fidelidad de Dios y una invitación clara a la obediencia. Nos dice que si escuchamos con atención la voz del Señor y seguimos sus caminos, seremos bendecidos en todo: en la ciudad y en el campo, en el fruto del vientre y en el trabajo de nuestras manos, al entrar y al salir. Más aún, seremos confirmados como su pueblo santo, apartados para Él, con una señal visible de que Su nombre está sobre nosotros. ¡Qué honra tan profunda y qué promesa tan poderosa!
Este pasaje no habla solo de provisión material. Habla de identidad, de propósito, de una vida vivida bajo cielos abiertos. Nos recuerda que cuando caminamos en obediencia, Dios no solo bendice lo que hacemos, sino que nos establece como testigos suyos entre las naciones. Promete abrir su “tesoro de bondad”, enviar lluvia a su tiempo, y prosperar nuestras manos. Incluso promete hacernos cabeza y no cola, por encima y no por debajo. Pero todo esto está ligado al compromiso fiel de no desviarnos, ni a derecha ni a izquierda, de Su palabra.
Más que buscar bendiciones, seamos de aquellos que buscan al Dios de las bendiciones. No por miedo, sino por amor. Que nuestra obediencia no sea un acto de intercambio, sino de confianza. Porque sabemos que si Él lo prometió, Él lo cumplirá. Y si vivimos para Él, aún en los días comunes, Su favor nos acompañará. Caminemos firmes, con la certeza de que las bendiciones no solo vendrán, sino que nos alcanzarán.
Señor mi Dios, gracias por tus promesas fieles y por tu palabra que guía mis pasos. Hoy decido escucharte con atención y caminar en obediencia, no por obligación, sino por amor. Confírmame como tuyo, que Tu nombre se vea reflejado en mi vida. Abre tus cielos sobre mí, bendice mis caminos, y hazme instrumento de bendición para otros. Que nunca me aparte de tus sendas, y que viva cada día bajo la luz de tu favor. En el nombre de Jesús, amén.