MARZO 17

LA PALABRA DE DIOS

Yo soy la luz del mundo.

JUAN 8: 12


Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida

REFLEXIÓN

En un mundo lleno de incertidumbre, confusión y caminos oscuros, Jesús se presenta como la luz que no solo alumbra, sino que guía con amor y verdad. Él no es simplemente una luz, sino la luz del mundo. Su presencia ilumina la oscuridad del alma, revela la verdad y disipa toda sombra de engaño, miedo o confusión. En medio de una sociedad que ofrece luces artificiales y caminos aparentemente brillantes, solo Jesús alumbra con una luz que no se apaga. En la vida diaria, todos enfrentamos momentos de duda, decisiones difíciles, relaciones rotas o luchas internas. En esos momentos, es fácil sentirse perdido o sin dirección. Pero cuando recordamos que Jesús es nuestra luz, podemos detenernos, volver la mirada hacia Él y pedir su guía. Su Palabra es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Salmo 119:105), y su presencia es consuelo, claridad y esperanza. Seguirle no significa que todo será fácil, pero sí que nunca estaremos solos ni desorientados.


Él no nos guía desde lejos, sino que se acerca, nos toma de la mano y nos enseña a vivir. Su luz transforma nuestra manera de ver el mundo, a nosotros mismos y a los demás.  Él no ofrece una alternativa más, sino una invitación única: “sígueme y nunca más andarás en tinieblas”. Jesús es el centro, la fuente de todo lo que da vida y sentido. No es una doctrina fría ni un líder más, es el Hijo de Dios, vivo y presente, que camina con nosotros si le damos lugar. Él no promete simplemente mostrarnos el camino; Él mismo es el camino. Esta declaración poderosa nos invita a una vida de seguimiento y dependencia. No se trata de caminar a tientas, sino de confiar en que, si vamos tras sus pasos, incluso en medio de la noche más oscura, su luz será suficiente para nosotros.


No necesitamos fabricar luz propia, ni fingir tener el control. Solo necesitamos acercarnos a Jesús, contemplarlo, oír su voz y seguirle. Él no promete ausencia de dificultades, pero sí una luz que jamás se apaga: la luz de la vida. Que hoy y cada día, Jesús sea nuestro primer pensamiento, nuestro guía y nuestra esperanza. Invita a Jesús a cada rincón de tu día: tus pensamientos, tus decisiones, tus conversaciones. Él quiere iluminar todo, no para juzgarte, sino para darte vida abundante (Juan 10:10), esa vida que solo puede florecer cuando la semilla se expone a la luz verdadera. 


Señor Jesús, mi luz, mi Señor y Salvador; luz del mundo, gracias porque viniste a disipar toda tiniebla de mi corazón. A veces me siento perdido, confundido o sin fuerzas, pero hoy reconozco que si te sigo, no caminaré en oscuridad. Tú eres la claridad que mi alma necesita. Perdóname por los momentos en que he buscado otras luces, otras voces, otras guías. Hoy vuelvo mis ojos a ti. Lléname con tu presencia, alumbra mi camino y ayúdame a seguirte con todo mi corazón. Que tu luz brille en mí y a través de mí, para que otros te vean y también te sigan. Te pido que ilumines mi mente, mis pasos y mis decisiones. Ayúdame a confiar en tu guía, aunque no vea el panorama completo. Dame fe para seguirte con valentía, y que tu luz brille en mí para que otros también puedan verte. En tu nombre, Jesús, amén.

unsplash