MARZO 5

LA PALABRA DE DIOS

Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha

MATEO 6: 2 - 4


2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.


3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha,


4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

REFLEXIÓN

Vivimos en un mundo donde muchas acciones se realizan con la intención de obtener reconocimiento y aprobación de los demás. Las redes sociales han exacerbado esta necesidad de mostrar lo que hacemos, incluso nuestras obras de caridad.  El amor genuino no busca reconocimiento, sino que fluye con naturalidad, como el agua que riega la tierra sin esperar gratitud. Jesús nos enseñó que cuando ayudemos a otros, no debemos hacerlo para ser vistos, sino con un corazón sincero. Cuando damos con amor, sin esperar aplausos ni reconocimientos, reflejamos el corazón de nuestro Padre celestial, quien nos bendice abundantemente, aun cuando no lo merecemos. Nos enseña en Mateo 6:2-4 que la verdadera generosidad no busca aplausos, sino que se practica en lo secreto, confiando en que Dios ve cada acto de bondad y lo recompensa conforme a Su voluntad. Cuando damos con humildad, reflejamos el amor de Cristo y cultivamos un corazón desprendido de la vanagloria.


En nuestra vida diaria, podemos practicar esta enseñanza de maneras sencillas; hay muchas oportunidades de demostrar amor en secreto: un gesto amable, una ayuda inesperada, una oración por alguien que lo necesita, ayudar a alguien sin anunciarlo, donar sin esperar reconocimiento, apoyar a un amigo sin necesidad de que otros lo sepan. No es la cantidad lo que importa, sino la intención del corazón. Cuando nuestra motivación es agradar a Dios y no a los hombres, experimentamos una paz y satisfacción que el reconocimiento humano jamás podrá darnos. Dios nos llama a vivir con integridad, sabiendo que lo que hacemos en secreto tiene un gran valor en Su reino. Dios ve cada acto de amor, incluso aquellos que parecen pequeños e invisibles a los ojos del mundo. Él se goza en la bondad que nace de un corazón puro y generoso.


Cuando damos con amor y en secreto, somos partícipes de la obra de Dios en la vida de los demás. No necesitamos la aprobación de nadie, porque nuestro mayor gozo es saber que estamos cumpliendo Su voluntad. Así como Jesús entregó Su vida sin buscar honra terrenal, también nosotros podemos reflejar Su carácter al dar sin esperar nada a cambio. Que nuestro amor y generosidad sean un reflejo del amor inmenso que Él nos ha dado, sin condiciones ni reservas. Él se encargará de recompensarnos de la manera y en el tiempo que Él considere mejor. 


Amado Padre, lléname de Tu amor y enséñame a dar con un corazón sincero y generoso sin buscar reconocimiento ni aplausos. Que mis acciones reflejen Tu bondad, y que mi mayor alegría sea saber que Te agrado a Ti. Ayúdame a bendecir a otros sin buscar reconocimiento, confiando en que Tú ves cada acto de amor. Gracias porque en Ti encuentro la mayor recompensa. En el nombre de Jesús, amén


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