FEBRERO 15

LA PALABRA DE DIOS

Bendito quien confía en Dios, y cuya confianza es Dios.

JEREMÍAS 17: 7 - 8


7 Bendito quien confía en Dios, y cuya confianza es Él.


8 Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.

REFLEXIÓN

La vida está llena de incertidumbres, desafíos y temporadas de sequía que pueden parecer interminables. Sin embargo, el profeta Jeremías nos recuerda en este pasaje que el secreto para enfrentar las pruebas no está en nuestras propias fuerzas, sino en quién elegimos confiar. Cuando nuestra confianza está completamente depositada en Dios, Él nos convierte en ese árbol plantado junto a las aguas, con raíces profundas que nos sostienen aun en los momentos más difíciles. Nuestra relación con Él es el río que nutre nuestra alma y nos da la fuerza necesaria para seguir adelante.


Dios no promete que nunca habrá calor o sequía en nuestra vida, pero sí nos asegura que aquellos que confían en Él no serán derrotados por las adversidades. Al igual que el árbol, no seremos consumidos por el calor de los problemas, ni nuestra hoja se marchitará. Su presencia constante nos renueva, nos llena de esperanza y nos permite seguir dando fruto, incluso en medio de las circunstancias más desalentadoras. 


Examinemos en quién o en qué estamos poniendo nuestra confianza. Si nos apoyamos en nuestras propias capacidades o en las cosas pasajeras de este mundo, tarde o temprano nos sentiremos fatigados y sin dirección. Pero si hacemos del Señor nuestra confianza, hallaremos paz, propósito y provisión en cualquier temporada de la vida. 


Señor amado, hoy quiero confiar plenamente en Ti. Reconozco que sin Tu guía y Tu fuerza, soy como un árbol seco en medio del desierto. Pero sé que en Ti hay vida, hay esperanza, y hay aguas frescas que renuevan mi alma. Ayúdame a echar raíces profundas en Tu amor y a descansar en Tus promesas, sabiendo que nunca me abandonarás, aun en los momentos más oscuros. Te entrego mis temores, mis luchas y mis cargas, confiando en que Tú eres mi refugio y mi sustento. Enséñame a no mirar las circunstancias, sino a mirar Tu fidelidad. Permíteme ser un árbol que da fruto, incluso en tiempos de prueba, para reflejar Tu gloria y ser bendición para quienes me rodean. Gracias, Señor, porque en Ti nunca falta la provisión, la paz y la fuerza. Hoy declaro que mi confianza está en Ti, y no temeré el calor ni la sequía, porque sé que Tú estás conmigo. En el nombre de Jesús, amén.

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