Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.
MATEO 18: 3 - 5
3 De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos.
5 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.
En un mundo lleno de desafíos, el amor de Dios por los niños brilla con una luz especial. Su voluntad es que cada niño crezca rodeado de amor, cuidado y guía para convertirse en personas justas y cabales. La Biblia nos enseña que Dios ama a los niños de una manera profunda y especial. Jesús dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos". Este versículo no solo refleja la importancia de los niños en el reino de Dios, sino también el deseo de Dios de estar cercano a ellos. Su amor no conoce límites y nunca falla. Dios demuestra su amor mediante la providencia y el cuidado constante que tiene hacia ellos. Cada niño es un regalo, y así como un padre cuida de sus hijos, Dios se preocupa por ellos. Esto nos recuerda la responsabilidad que tenemos como padres, educadores o mentores en la vida de los niños: reflejar ese mismo amor y cuidado.
Dios desea que los niños crezcan en un entorno donde se les enseñe el valor de la rectitud. Proverbios 22:6 nos dice: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él". La enseñanza firme de valores cristianos es fundamental. Los niños necesitan ejemplos a seguir y una guía que les dé dirección en un mundo que a menudo les presenta opciones erradas. Enseñarle a un niño sobre el amor, la bondad, la paciencia y la humildad es crucial.
Debemos mostrarles el camino, no solo con palabras, sino también con acciones. Al demostrar empatía y compasión en nuestras relaciones diarias, les enseñamos la importancia de estos valores y cómo aplicarlos en sus vidas. Al hacerlo, estaremos colaborando en el plan de Dios para ayudar a que estas pequeñas vidas se conviertan en grandes hombres y mujeres de fe, integridad y amor. Los niños aprenden a través de la observación. Cuando ven a sus padres vivir su fe de manera auténtica, se sienten inspirados a seguir su ejemplo. Efesios nos recuerda: "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andar en amor, así como también Cristo nos amó".
Amado Padre celestial, gracias, muchas gracias por ese especial amor que tienes por los niños. Sabemos que Tú los cuidas y los proteges; sabemos que nos ayudas a educarlos y a hacer de ellos unas personas de bien, con capacidades para desenvolverse en la sociedad, de hacer amigos buenos y a que jamás se aparten de Ti. Te pedimos que nos des la sabiduría para educarlos adecuadamente y mostrarles nuestro amor y respaldo. En el nombre de Jesús, amén.