ENERO 3

LA PALABRA DE DIOS

Vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.

GÉNESIS 1: 26, 27, 31


26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.


27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.


31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

REFLEXIÓN

Somos una obra especial de Dios, creados por amor, con propósito y dignidad. Dios, el Creador del universo, no solo hizo el cielo, las estrellas y todo lo que vemos; también puso su atención especial en la humanidad, moldeándonos a su propia imagen y semejanza. ¿Qué mayor expresión de amor puede existir?


Dios no solo nos creó, sino que nos confió su creación para administrarla y cuidarla. Dios  nos da un propósito y nos permite participar en su obra divina. Esto muestra que somos importantes para Él, no solo como seres individuales, sino como una comunidad que trabaja en armonía con la creación.


Cuando leemos que “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”, entendemos que Dios creó  algo hermoso, perfecto y pleno. Este “bueno en gran manera” incluye a cada uno de nosotros. No somos criaturas distantes para Él; somos sus hijos, hechos para vivir en comunión con Él. Aun cuando fallamos, su amor permanece constante. En su bondad, Él provee para nuestras necesidades, guía nuestros pasos y ofrece esperanza en los momentos difíciles. 


Que el recordatorio del amor y la bondad de Dios nos impulse a caminar con fe, confiando en que Él está siempre con nosotros, viendo en nosotros lo bueno que Él mismo puso. Somos amados y creados para amar.


Amado Padre Celestial, hoy venimos ante Ti con el corazón lleno de gratitud y asombro por tu amor y tu bondad. Gracias por habernos creado a tu imagen y semejanza, por darnos dignidad, propósito y un lugar especial en tu creación. Cada día es un reflejo de tu misericordia y tu cuidado constante.


Padre amado, te pedimos que nunca olvidemos quiénes somos en Ti: tus hijos, amados y valiosos. Enséñanos a reflejar tu amor en nuestras palabras, nuestras acciones y nuestras decisiones. Ayúdanos a cuidar la creación que has puesto en nuestras manos y a vivir en armonía contigo, con los demás y con el mundo. Llénanos de tu Espíritu Santo, para que podamos caminar cada día en tu luz y extender tu bondad a quienes nos rodean. Que nuestras vidas sean un testimonio vivo de tu amor transformador, y que siempre busquemos honrarte en todo lo que hacemos.


Gracias, Padre, porque tu amor es inagotable y tus promesas son fieles. Confiamos en tu guía, en tu provisión y en tu cuidado. Nos ponemos en tus manos, sabiendo que en Ti encontramos paz, esperanza y vida abundante. En el nombre de Jesús, tu Hijo amado, te damos gracias y te alabamos. Amén.