Mirad cuál amor nos ha dado el Padre
1 JUAN 3: 1 - 3
1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.
3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
¡Qué hermoso pasaje de la Primera Carta de Juan! Este texto nos recuerda el inmenso amor que Dios nos tiene al hacernos sus hijos, dándonos una identidad eterna en Él. Ser llamados hijos de Dios no es simplemente un título, sino una realidad transformadora que impacta cómo vivimos y cómo vemos el mundo. La promesa de que seremos semejantes a Él cuando lo veamos cara a cara es una esperanza que llena el corazón de gozo.
La invitación a la reflexión diaria es a mantener la mirada fija en Él y a recordar que nuestra vida tiene un propósito eterno. Cada acción y decisión que tomamos puede ser guiada por esta certeza: somos hijos amados de Dios, destinados a una gloria que trasciende esta vida porque tenemos una identidad inquebrantable como hijos de Dios y la esperanza en Él siempre traerá luz y dirección, especialmente en los nuevos caminos que exploramos.
Amado Padre Celestial, hoy venimos ante Ti con un corazón agradecido por el inmenso amor que nos has dado al llamarnos tus hijos. Qué privilegio tan grande es saber que somos tuyos, que nos sostienes con Tu mano poderosa y que nuestra identidad está en Ti.
Padre, ayúdanos a vivir cada día en esa esperanza, purificándonos y buscando reflejar Tu carácter en nuestros pensamientos, palabras y acciones. Que Tu pureza nos inspire a caminar en santidad y a vivir como testimonio de Tu amor en este mundo. Gracias, amado Padre, porque sé que nunca nos dejarás ni nos desampararás. En Ti tenemos todo lo que necesitamos, y por eso te alabamos y confiamos en Ti. En el nombre de Jesús, amén.