MARZO 6

LA PALABRA DE DIOS

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; ytodo lo que hace, prosperará.

SALMOS 1: 1-3


1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado;


2 Sino que en la ley de Dios está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.


3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,  que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.

REFLEXIÓN

Una mujer contaba  que cuando era niña, su abuelo tenía un árbol de mango en su jardín. Recuerda que en los días de tormenta, algunos árboles del vecindario caían, pero el de su abuelo permanecía firme. Un día le preguntó por qué su árbol resistía mientras otros no, y él le respondió: “Las raíces son profundas y están cerca del agua”. Esta anécdota nos habla de estabilidad, crecimiento y abundancia. Nos invita a tomar decisiones conscientes sobre nuestro camino. La felicidad y la prosperidad no son accidentales, sino el resultado de elegir bien dónde nos plantamos. En un mundo lleno de incertidumbre y caminos engañosos, Dios nos llama a apartarnos del consejo de los impíos y a encontrar deleite en Su Palabra. Meditar en ella día y noche nos nutre y nos fortalece, como las raíces de un árbol que buscan constantemente el agua para mantenerse firmes y fructíferos (Jeremías 17:7-8).


Así como un árbol no da fruto de inmediato, nuestra vida en Dios requiere tiempo, paciencia y perseverancia. A veces no vemos resultados inmediatos, pero si permanecemos en Él, daremos fruto en su debido tiempo (Juan 15:5). La promesa de que nuestra hoja no caerá nos recuerda que, aun en tiempos de dificultad, Dios nos sostiene. No significa que no enfrentaremos pruebas, sino que Su gracia nos capacita para resistir y seguir adelante con esperanza.


Debemos preguntarnos dónde estamos plantados. La estabilidad, el crecimiento y la abundancia dependen de tus elecciones diarias. Decide afianzarte en Dios, cultivar una relación sólida con Él y caminar con confianza. La prosperidad que Él promete no es efímera ni superficial, sino el resultado de vivir conectado a Su fuente inagotable de vida. Que nuestro deleite esté en la ley del Señor, porque solo en Él encontramos verdadera plenitud y propósito. Cuando nos arraigamos en Dios, todo lo que hacemos será dirigido por Su mano, y nuestra vida reflejará Su gloria.


Amado Señor, quiero ser como ese árbol plantado junto a corrientes de agua. Ayúdame a deleitarme en Tu Palabra y a meditar en ella cada día. Que mis raíces sean profundas en Ti, para que mi vida dé fruto en el tiempo correcto. No permitas que me desvíe por caminos de maldad, sino que mi confianza esté siempre puesta en Ti. Gracias por sostenerme y darme la gracia para permanecer firme. En el nombre de Jesús, amén.

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