ENERO 28

LA PALABRA DE DIOS

Oye, oh Dios, mi voz con que a ti clamo

SALMOS 27: 7 - 9


7 Oye, oh Dios, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí, y respóndeme.


8 Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Señor;


9 No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo; mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.

REFLEXIÓN

Hay momentos en la vida en los que sentimos que la carga es demasiado pesada, que las circunstancias nos abruman y que la respuesta de Dios parece tardar. En esos momentos, el enemigo intenta susurrarnos al oído que estamos solos, que Dios nos ha olvidado o que nuestras oraciones no han sido escuchadas. Pero el salmista nos recuerda una verdad fundamental: Dios es nuestra ayuda. No nos dejará ni nos desamparará. Aunque el panorama sea incierto y las fuerzas parezcan agotarse, Él permanece fiel.


Dios no se esconde de quienes lo buscan con un corazón sincero. Su amor es constante, su misericordia no tiene fin. Cuando clamamos a Él, podemos estar seguros de que nos escucha. Puede que su respuesta no llegue en el tiempo o la forma que esperamos, pero su presencia nunca nos abandona. Si hoy sentimos que Dios está en silencio, recordemos que su amor no se mide por la ausencia de dificultades, sino por su fidelidad en medio de ellas. Él nos sostiene, fortalece y camina con nosotros.


Este pasaje del Salmo 27:7-9 es una hermosa súplica de confianza en Dios, una expresión de la necesidad de Su presencia y misericordia. Refleja un corazón que anhela la comunión con el Señor, reconociéndolo como su única fuente de ayuda y salvación.


¿Hemos sentido en algún momento que Dios está distante? Hoy es el día para renovar nuestra confianza en Él. Su rostro está ahí para que lo busquemos, su amor nunca se aparta de nosotros. Dediquemos un tiempo especial para buscar a Dios en oración. Hablemos con Él con sinceridad, derramemos el corazón ante Su presencia y confiemos en que Él nos sostiene.


Amado Padre celestial, en medio de nuestras luchas y temores, nos acercamos a Ti con la certeza de que nos escuchas. No permitas que el desánimo tome lugar en nuestro corazón. Aumenta nuestra fe para buscar Tu rostro y descansar en Tu promesa de que nunca nos dejarás ni nos desampararás, amén.

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