El que dirige, como el que sirve.
LUCAS 22: 25 - 27
25 Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores;
26 mas no así vosotros,sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.
27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
El mundo tiene su propia forma de medir la grandeza: poder, riqueza, influencia. Sin embargo, Jesús nos muestra un camino completamente diferente. En Lucas 22:25-27, Él nos enseña que el verdadero liderazgo no se trata de imponerse sobre otros, sino de servir con humildad. Mientras los reyes y gobernantes buscan títulos y reconocimiento, Jesús, el Rey de reyes, lavó los pies de sus discípulos y se entregó por amor. Su ejemplo nos confronta y nos invita a replantear nuestras prioridades.
En nuestra vida cotidiana, a menudo luchamos con el deseo de ser reconocidos, de ser valorados por lo que hacemos o hemos logrado. Pero Jesús nos llama a una grandeza distinta: la grandeza del servicio. En el hogar, en el trabajo, en la comunidad, podemos reflejar el amor de Cristo cuando elegimos servir en lugar de buscar ser servidos. No se trata solo de hacer actos de bondad, sino de adoptar una actitud de humildad, poniendo las necesidades de los demás por encima de las nuestras, confiando en que Dios exalta a los que se humillan. Cristo mismo, siendo el Hijo de Dios, no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida por muchos (Mateo 20:28). Nos invita a un cambio de paradigma en nuestras relaciones y responsabilidades: la verdadera grandeza no está en la autoridad impuesta, sino en la humildad y el amor demostrado a través del servicio.
Señor, sabemos que Tu camino es el del servicio y el amor. En un mundo donde muchos buscan grandeza a través del poder, Tú nos enseñas que la verdadera grandeza está en el servicio a los demás; enséñanos a ser siervos como Tú. Danos humildad para poner a los demás antes que a nosotros mismos, y fuerzas para seguir sirviendo con amor, incluso cuando nadie lo note. Que en nuestra vida resplandezca Tu amor y Tu ejemplo. Amén.
Ayúdanos a no buscar reconocimiento ni posiciones de honor, sino a encontrar gozo en dar, en ayudar, en compartir y en reflejar Tu amor en cada acción. Danos fuerzas cuando el cansancio nos abrume, sabiduría cuando no sepamos qué hacer y un espíritu generoso para siempre dar lo mejor que tenemos. Señor, que siempre podamos decir, como Tú lo hiciste: “Estoy entre vosotros como el que sirve.” Que nuestro servicio glorifique Tu nombre y sea de bendición para quienes nos rodean. En el nombre de Jesús, amén.