ENERO 11

LA PALABRA DE DIOS

No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán

MATEO 6: 25, 33 - 34


25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?


33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.


34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

REFLEXIÓN

Retomando la reflexión de ayer,  cuando Jesús nos dice: “No os afanéis por vuestra vida”, no está desestimando nuestras necesidades ni diciendo que no sean importantes. Más bien, nos invita a recordar que nuestra vida está en manos de un Dios amoroso y fiel, quien ya conoce lo que necesitamos antes de que lo pidamos, recordándonos que nuestra existencia tiene un propósito mucho más profundo que simplemente sobrevivir o acumular bienes. ¿No es la vida un regalo tan grande que va más allá de lo tangible? Dios, quien cuida de las aves y viste los lirios con esplendor, nos recuerda que valemos infinitamente más que todo eso. Entonces, ¿por qué dudar de Su provisión?


El verso 33 es el corazón de este mensaje. Cuando buscamos a Dios y Su justicia como prioridad, alineamos nuestro corazón con Sus propósitos. Buscar Su reino no es un acto pasivo; requiere intencionalidad: vivir con integridad, mostrar Su amor a los demás y depender de Él en cada decisión. Al hacerlo, no sólo experimentamos paz, sino que también vemos cómo las piezas de nuestra vida empiezan a encajar en el tiempo perfecto de Dios.


Por ello,  el mañana traerá sus propios desafíos, pero hoy es el día que Dios nos ha dado. No nos carguemos de preocupaciones por lo que aún no han llegado. Cada día tiene su propósito, su bendición y su enseñanza.


Quizás estás enfrentando un desafío económico, una decisión importante o una temporada de transición. Jesús no promete una vida libre de dificultades, pero sí asegura Su compañía, Su provisión y Su guía. Cuando dejamos las preocupaciones a Sus pies, no sólo encontramos descanso, sino también claridad para caminar en Su voluntad.


Amado Padre celestial, enséñanos a confiar en Ti, no sólo con palabras, sino con todo el corazón. Ayúdanos a vivir cada día con gratitud, sabiendo que Tú eres nuestro proveedor y guía. Que podamos buscar primero Tu Reino y hallar en Ti todo lo que necesitamos, amén.

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