ENERO 27

LA PALABRA DE DIOS

Dios, ante nuevos retos, ahí estás Tú.

2 TIMOTEO 1: 7


Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

REFLEXIÓN

Pablo escribió estas palabras a Timoteo, un joven líder enfrentando grandes desafíos en su ministerio. Era fácil para él sentir temor o inseguridad, pero Pablo le recordó algo esencial: Dios no nos da un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio.


Es natural sentir temor cuando nos enfrentamos a algo nuevo, especialmente si parece incierto o desafiante. Sin embargo, Dios nos recuerda que Él no nos ha dado un espíritu de cobardía. Los sentimientos de inseguridad no provienen de Él, sino que son una oportunidad para depender más profundamente de Su poder. Cuando Dios nos llama a algo nuevo, Él también provee las herramientas necesarias para afrontarlo. Su poder está disponible para darnos fuerza, Su amor nos anima a confiar en Su plan, y Su dominio propio nos permite mantener la calma, pensar con claridad y avanzar con confianza. El Poder no es nuestra fuerza, sino la de Dios, quien obra en nosotros. Nos da la capacidad de hacer lo que, en nuestras fuerzas humanas, sería imposible. El amor, motor de nuestras acciones es el amor de Dios  que nos capacita para actuar con compasión, paciencia y gracia, incluso en medio de dificultades, y el dominio propio, ese que nos permite mantener el enfoque, tomar decisiones correctas y mantenernos firmes, incluso cuando las circunstancias son inciertas o difíciles es indudablemente el que nos da el Señor.


Hoy, reflexionemos sobre lo que enfrentamos en nuestras vidas. Tal vez haya miedos o inseguridades intentando detenernos, pero podemos recordar que no estamos solos. Dios nos ha equipado con todo lo que necesitamos para avanzar en fe y confianza. Cada nuevo reto es una invitación de Dios para crecer, confiar más en Él y experimentar Su fidelidad. Él ya está adelante, allanando el camino.


Amado Padre celestial, sé que me enfrento a retos que parecen más grandes que mis fuerzas, pero confío en que Tú eres más grande que cualquier obstáculo. Te entrego mi temor e inseguridad a Ti. Reconozco que no puedo avanzar en mis propias fuerzas, pero me aferro a Tu promesa de que me has dado poder, amor y dominio propio. Llena mi corazón con Tu paz y dame la valentía para dar un paso más, confiando en que Tú me sostendrás. Guíame, enséñame y recuérdame que Tú eres mi fuerza en todo momento. Gracias por ser mi refugio y mi guía. Gracias por recordarme que no estoy solo en este camino. Gracias porque me has dado poder para vencer el temor, amor para tratar a los demás con gracia y dominio propio para mantenerme firme en Tu voluntad. Hoy entrego mis miedos e inseguridades en Tus manos, confiando en que me sostendrás y guiarás. Ayúdame a enfrentar los desafíos con valentía, sabiendo que Tú estás conmigo. Llena mi corazón de Tu paz y enséñame a caminar en Tu propósito cada día. En el nombre de Jesús, amén.

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