FEBRERO 3

LA PALABRA DE DIOS

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece


1 CORINTIOS 13: 4 - 7


4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;


5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;


6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.


7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

REFLEXIÓN

1 Corintios 13:4-7, describe la esencia del amor verdadero según la perspectiva divina. Es una invitación a vivir con paciencia, bondad y humildad, a dejar de lado el egoísmo y la ira, y a aferrarnos siempre a la verdad. En tiempo de cambios, es un recordatorio de que el amor, en todas sus formas, es la base de las relaciones y de la vida misma.


A veces, sin darnos cuenta, la impaciencia se instala en nuestro corazón. Nos irritamos con facilidad, exigimos respuestas rápidas y nos cuesta tolerar las debilidades de los demás. Sin embargo, Dios nos llama a vivir un amor que es sufrido y benigno, que no se irrita ni guarda rencor (1 Corintios 13:4-5). La paciencia no es solo esperar sin quejarse, sino confiar en que Dios tiene el control de cada situación y persona en nuestra vida. Jesús mismo nos dio el mayor ejemplo de paciencia. No se apresuró ni reaccionó con enojo cuando sus discípulos no entendían, cuando la multitud lo presionaba o cuando fue insultado y rechazado. En lugar de ello, con amor infinito, esperó, perdonó y enseñó con gracia. Si queremos parecernos más a Él, necesitamos rendir nuestro corazón ante Dios y permitir que Su Espíritu nos transforme.


Pidamos al Señor que nos ayude a ejercitar la paciencia y la tolerancia. Que Su amor nos llene de paz en los momentos de frustración y que podamos ver a los demás con los ojos de Cristo. Recordemos lo que dice la Palabra: "el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta". Cuando descansamos en esta verdad, dejamos de luchar con nuestras fuerzas y aprendemos a vivir con la serenidad que solo Dios puede dar.


Señor amado, reconocemos la necesidad de Tu gracia. A veces somos impacientes, intolerantes, y  permitimos que la frustración gobierne nuestros pensamientos y palabras. Perdónanos, Señor, por las veces en que no hemos reflejado Tu amor y Tu paciencia en nuestra vida. Te pedimos que transformes nuestro corazón. Llena nuestro espíritu con Tu paz y ayúdanos a ver a los demás con los ojos de Jesús. Danos la sabiduría para saber cuándo hablar y cuándo guardar silencio, la humildad para aceptar las diferencias y la paciencia para esperar en Tu tiempo perfecto. Señor, enséñanos a amar como Tú amas: sin apresurarnos, sin irritarnos, sin buscar lo propio, sino confiando plenamente en Tu obra en nosotros y en quienes nos rodean. En Ti descansamos, sabiendo que todo lo que necesitamos para crecer en amor y tolerancia lo encontramos en Tu presencia. En el nombre de Jesús, amén.

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