MARZO 19

LA PALABRA DE DIOS

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado,

MATEO 1: 18-21, 24


18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José,antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.


19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.


20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.


21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.


24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

REFLEXIÓN

El nacimiento de Jesús nos revela no solo el cumplimiento de una promesa eterna, sino también la ternura de Dios al cuidar cada detalle. En Mateo 1:18-21 vemos a María, joven, vulnerable, sorprendida por una misión divina que podría haberla expuesto al rechazo y a la vergüenza. Pero Dios, en su fidelidad, no la dejó sola. Preparó a José, un hombre justo, para que la protegiera. La intervención del ángel en sueños no solo le reveló el origen santo del embarazo, sino que fue un acto de cuidado amoroso del Padre celestial hacia María, asegurándole protección, dignidad y compañía.


José, por su parte, brilla con una justicia que nace del amor. No quiso exponer a María, ni tomó decisiones apresuradas. Reflexionó, escuchó a Dios y obedeció. Cuánto necesitamos hoy hombres y mujeres con el corazón de José, dispuestos a proteger lo que Dios está gestando, aunque no lo comprendan del todo. Su actitud nos desafía a responder con gracia ante lo inesperado, y a confiar en que Dios está obrando incluso cuando los planes parecen desmoronarse. En un mundo que exalta la visibilidad y el protagonismo, José nos recuerda el valor eterno de la fidelidad callada, de ese amor que protege, cree y actúa en obediencia. Hoy, podemos pedir al Señor un corazón como el de José: justo, sensible a su voz, y dispuesto a obedecer en lo secreto.


Este pasaje también nos recuerda que Dios cuida de quienes le obedecen. María no fue abandonada, y tú tampoco lo serás. Dios tiene maneras sorprendentes de protegernos, rodeándonos de personas justas, guiando sus corazones y hablando a tiempo. Si hoy te sientes desprotegido o mal entendido, recuerda que el mismo Dios que cuidó de María y preparó a José está velando por ti. Confía en su tiempo y en sus medios, porque Él no olvida a quienes elige.


Padre bueno, gracias porque cuidas de nosotros con amor perfecto, así como cuidaste de María al levantar a José como protector fiel. Gracias por hablarnos a tiempo, por rodearnos de personas justas que caminan contigo. Forma en nosotros un corazón sensible como el de José, dispuesto a obedecer sin buscar gloria, y un espíritu confiado como el de María, que cree en tus promesas aún en medio de la incertidumbre. Ayúdanos a ver tu cuidado en los detalles y a ser instrumento de tu ternura para otros. En el nombre de Jesús, amén.