MARZO 25

LA PALABRA DE DIOS

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.


SALMOS 42: 1-2


1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.


2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;

REFLEXIÓN

En tiempos del rey David, la vida era una constante lucha por la supervivencia. Entre guerras, traiciones y largos periodos de sequía espiritual, los fieles sabían lo que era sentirse secos por dentro. El salmista, probablemente en un momento de exilio o angustia profunda, escribe: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. La imagen es poderosa: un ciervo jadeante, agotado por la persecución o por el calor abrasador, anhela desesperadamente encontrar agua. Así, en medio de las sequías del alma, cuando la rutina pesa o el dolor parece no tener fin, también nosotros podemos identificarnos con ese clamor sediento.


Hoy no vivimos bajo el yugo de enemigos con espadas, pero enfrentamos batallas internas que nos desgastan: la ansiedad, la incertidumbre, el aislamiento emocional. En medio de estas realidades, el alma también se reseca. Podemos tener muchas cosas, pero aún así sentirnos vacíos. La sed de sentido, de paz genuina, de una presencia que no abandona, sigue siendo tan real como en los días del salmista. Y es allí, cuando reconocemos nuestra sed, que abrimos el corazón para que el agua viva —Cristo mismo— nos llene y nos renueve desde lo más profundo.


El alma que busca a Dios sinceramente no será dejada sin respuesta. A veces, su silencio nos enseña a anhelarlo aún más; otras, su presencia se hace tan dulce que transforma nuestra sequedad en manantiales. El salmista no negó su dolor, pero lo convirtió en oración. Que también nosotros podamos clamar así, con autenticidad y esperanza, sabiendo que Dios no está lejos. Él es el Dios vivo, que sacia, que responde, que permanece.


Oración:


Señor amado, hoy mi alma te busca como el ciervo busca el agua. En medio de mi cansancio, de mis luchas internas y del vacío que a veces siento, clamo por ti. No quiero solo tus bendiciones, quiero tu presencia. Sacia mi sed con tu amor, con tu paz, con tu verdad. Haz de mi alma un manantial que no se seque, sostenido por tu fidelidad. En medio de mis sequías, enséñame a confiar. Amén.