FEBRERO 4

LA PALABRA DE DIOS

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.


MARCOS 12: 30 - 31


30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.Este es el principal mandamiento.


31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.No hay otro mandamiento mayor que estos.

REFLEXIÓN

El amor es la esencia de nuestra relación con Dios y con los demás. No se trata de un amor superficial o parcial, sino de una entrega total. Cuando le damos el primer lugar en nuestro corazón, todo lo demás encuentra su orden correcto. Cuando realmente le entregamos todo, nuestra relación con Él cambia nuestra forma de vivir, de hablar y de actuar. El amor genuino nos mueve a buscar Su voluntad en todo momento, a rendirle nuestras preocupaciones y a obedecerle con gozo. Jesús nos llama a amar a Dios con todo nuestro ser: con el corazón, que siente y se entrega; con el alma, que anhela y busca Su presencia; con la mente, que reconoce Su verdad y la medita; y con las fuerzas, que nos impulsan a vivir conforme a Su voluntad. No es un amor a medias ni condicionado por las circunstancias, sino una entrega total que transforma nuestra manera de vivir y nos llena de plenitud.


Pero este amor no puede quedarse solo en palabras o emociones. Jesús nos recuerda que amar a Dios nos lleva inevitablemente a amar a los demás. ¿Cómo podemos decir que amamos a Dios, a quien no vemos, si no amamos a nuestro prójimo, a quien tenemos cerca? Amar al prójimo significa interesarnos por él, perdonar cuando nos han herido, extender la mano cuando alguien lo necesita, y ver a cada persona como Dios la ve: con misericordia y gracia. Este amor no siempre es fácil, pero es el reflejo más claro de nuestra fe.


Jesús dejó claro que no podemos separar el amor a Dios del amor al prójimo. Amar es mucho más que sentir simpatía o afecto; es elegir servir, perdonar, escuchar y dar sin esperar nada a cambio. Es demostrar con nuestras acciones que valoramos a cada persona como Dios la valora. En un mundo lleno de egoísmo e indiferencia, nuestra fe se hace visible cuando decidimos amar activamente: ayudando al necesitado, siendo pacientes con quien nos desespera, extendiendo gracia cuando alguien nos ha herido. El amor en acción es la prueba más grande de que Dios vive en nosotros.


Amado Padre celestial, enséñame a amarte con todo lo que soy, sin reservas ni distracciones. No quiero que mi amor se quede en palabras o intenciones. Enséñame a amarte con todo mi ser y a demostrar ese amor en mi vida diaria. Ayúdame a ver oportunidades para servir, a extender misericordia cuando me cueste y a amar incluso cuando no sea fácil. Que mi vida refleje Tu amor en acción. Que mi vida sea un reflejo de ese amor y que pueda extenderlo a los que me rodean. Dame un corazón sensible, una mente renovada y fuerzas para amar con hechos, no solo con palabras. Que en todo lo que haga, otros puedan ver Tu amor en mí. En el nombre de Jesús, amén.


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