Me gozaré en el Dios de mi salvación
HABACUC 3: 17 - 19
17 Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada,
y no haya vacas en los corrales;
18 Con todo, yo me alegraré en el Señor, y me gozaré en el Dios de mi salvación.
19 Dios el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.
Qué hermosos y sabios principios se encuentran en este pasaje de Romanos 12:14-18. Nos llama a vivir una vida marcada por la humildad, la empatía, la paz y el amor, aun en medio de las dificultades y las relaciones complicadas. Bendecir en lugar de maldecir, acompañar tanto en el gozo como en el dolor, y buscar la paz con todos son actitudes que reflejan el carácter de Cristo en nosotros. Estas palabras también nos retan a no ser orgullosos ni vengativos, sino a buscar siempre el bien, independientemente de cómo seamos tratado
Dios tiene el poder de usar Su palabra para llegar al corazón de quien la lea, conforme a Su propósito y en el tiempo perfecto.
Permitamos al Señor que obre en nuestras vidas como un acto de entrega y confianza total. Reconozcamos que Su poder y Su amor son infinitamente mayores que nuestros propios esfuerzos. Cuando le damos permiso para trabajar en nosotros, Él transforma los corazones, renueva la mente y nos guía por caminos de justicia y propósito.
Y aunque a veces, el proceso de transformación puede ser doloroso o desafiante, siempre es para nuestro bien, moldeándonos conforme a Su voluntad. Como dice Ezequiel 36:26: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”
Amado Padre celestial, estamos ante Ti con humildad y con el corazón dispuesto a ser transformado por Tu amor. Reconocemos que solo Tú tienes el poder de moldear nuestra vida conforme a Tu perfecta voluntad. Te entregamos nuestros pensamientos, emociones y todo lo que somos, para que obres en nosotros según Tu propósito eterno. Quita de nosotros todo lo que no te agrada: el orgullo, la dureza de corazón, el temor y la falta de fe. Danos un corazón nuevo, un corazón sensible a Tu voz, lleno de amor, compasión y humildad. Renueva nuestro espíritu y llénanos de Tu paz , esa paz que sobrepasa todo entendimiento.
Ayúdanos, Señor, a confiar en Tu proceso, aun cuando no entendamos el camino. Que podamos reflejar Tu luz y Tu amor a todos los que nos rodean. Enséñanos a bendecir, a perdonar, y a caminar en paz, como instrumentos de Tu gracia. Hoy decidimos rendirnos completamente a Ti, sabiendo que Tus planes son mejores que los nuestros y que todo lo haces para nuestro bien. Gracias por amarnos, por no abandonarnos y por obrar en nuestra vida con paciencia y fidelidad. En el nombre de Jesús, amén.