FEBRERO 22

LA PALABRA DE DIOS

Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

LUCAS 6: 35 - 36


35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.


36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

REFLEXIÓN

El amor que Jesús nos llama a practicar no es un amor común, sino uno que desafía la lógica humana. Nos pide que amemos a nuestros enemigos, que hagamos el bien sin esperar nada a cambio. En un mundo donde se valora la reciprocidad, este llamado parece imposible. Sin embargo, cuando meditamos en la misericordia de Dios, quien es benigno con los ingratos y malos, entendemos que amar de esta manera nos hace reflejar Su carácter. No es un amor basado en sentimientos, sino en una decisión consciente de extender gracia, así como Dios la ha extendido hacia nosotros.


Ser misericordiosos es imitar a nuestro Padre celestial. Él no nos amó porque lo merecíamos, sino porque Su naturaleza es el amor. Nos perdonó aun cuando no lo buscábamos y nos dio vida cuando estábamos en pecado. De la misma manera, Él nos llama a responder con bondad en lugar de venganza, a bendecir en lugar de maldecir, y a dar sin medir lo que recibimos a cambio. Cuando vivimos así, experimentamos la libertad de un corazón sin rencor, y Dios mismo se convierte en nuestra recompensa.


Hoy, el desafío es grande, pero la gracia de Dios es mayor. Amar a quienes nos han herido es un acto sobrenatural, pero no estamos solos en este camino. Dios nos capacita para reflejar Su amor, y en ese proceso, nos transforma a Su imagen. No temamos amar sin medida, porque en ese amor hallaremos la plenitud del propósito de Dios en nuestras vidas.


Padre amado, enséñame a amar como Tú amas. En mi debilidad, ayúdame a extender misericordia a quienes me han herido y a hacer el bien sin esperar nada a cambio. Quita de mi corazón toda amargura y lléname de Tu amor inagotable. Que mi vida refleje Tu gracia y que, al seguir Tu ejemplo, pueda ser un instrumento de paz y restauración en este mundo. En el nombre de Jesús, amén.

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