FEBRERO 6

LA PALABRA DE DIOS

Oh Señor, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!



SALMOS 8:1


¡Oh Señor, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos.


SALMOS  136:1


Den gracias al Señor, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia. 


SALMOS 47: 6 - 7


6 Cantad a Dios, cantad; Cantad a nuestro Rey, cantad


7 Porque Dios es el Rey de toda la tierra;Cantad con inteligencia.


REFLEXIÓN

La grandeza del Señor se manifiesta en toda la creación. Desde los cielos hasta los rincones más profundos de la tierra, Su gloria resplandece y nos recuerda que Él es el autor y sustentador de todo lo que existe. El Salmo 8:1 exalta la majestad de Su nombre, declarando que Su poder es incomparable. Nosotros, como parte de Su creación, somos testigos de Su amor y cuidado constante. Cada amanecer, cada estrella en el cielo y cada latido de nuestro corazón nos hablan del amor inagotable de nuestro Creador, quien merece toda la adoración y alabanza. Dios, en Su infinita grandeza, ha establecido Su gloria sobre toda la creación. Su amor y poder son evidentes en cada detalle de la naturaleza, recordándonos que somos obra de Sus manos y que Él gobierna con sabiduría y justicia. No hay otro digno de nuestra adoración, pues Su gloria es incomparable y eterna.


El Salmo 136:1 nos invita a dar gracias al Señor por Su bondad eterna. Su misericordia no tiene fin, y Su fidelidad se renueva cada día. Aun en los momentos más oscuros, Su amor permanece inquebrantable. Dios no solo es un rey distante, sino un Padre cercano, compasivo y justo, que escucha nuestras oraciones y suple nuestras necesidades. Reconocer Su bondad nos lleva a una actitud de gratitud constante, porque sabemos que todo bien proviene de Él. El amor de Dios es inagotable, y Su misericordia permanece para siempre. No importa cuántas veces fallemos, Su gracia nos alcanza y nos restaura. En cada circunstancia, Él nos sostiene con fidelidad y nos colma de bendiciones. Por ello, nuestro corazón debe estar lleno de gratitud, reconociendo que todo lo bueno proviene de Él. Al dar gracias, demostramos que confiamos en Su providencia y que apreciamos Su amor infinito.


Finalmente, el Salmo 47:6-7 nos exhorta a alabar al Señor con inteligencia, reconociendo Su reinado sobre toda la tierra. No es suficiente cantar sin comprensión; nuestras alabanzas deben fluir de un corazón que entiende y reverencia Su poder y santidad. Al adorarlo, estamos declarando que Él es el Rey supremo, quien gobierna con justicia y amor. Nuestra adoración es una respuesta natural a Su grandeza y un acto de sometimiento a Su voluntad perfecta. Dios no es solo un rey poderoso, sino el Rey supremo sobre toda la tierra. Nuestra adoración debe ser genuina y consciente, exaltando Su santidad y soberanía. Cada cántico y cada palabra de adoración deben brotar de un corazón rendido a Su voluntad, proclamando Su grandeza con alegría y reverencia.


Amado Padre celestial, cuánto te alabamos por Tu grandeza y majestad. Reconocemos que Tú eres el Rey de toda la tierra, el Creador del universo y nuestro refugio eterno. Gracias por Tu amor inagotable, por la misericordia que renuevas cada mañana y por las innumerables bendiciones que derramas sobre nuestras vidas. Queremos adorarte con un corazón agradecido y una mente entendida, conscientes de que todo lo que somos y tenemos proviene de Ti. Ayúdanos a vivir cada día en alabanza y gratitud, reflejando Tu gloria en todo lo que hacemos. En el nombre de Jesús, amén.

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