ENERO 19

LA PALABRA DE DIOS

Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Dios nuestro Hacedor.

SALMOS 95: 6 - 7


6 Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Dios nuestro Hacedor. 


7 Porque Él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.

REFLEXIÓN

¡Qué hermosa expresión de alabanza y adoración! Este pasaje de Salmos 95:6-7 nos invita a reconocer la grandeza de Dios como nuestro Creador y Pastor. Nos recuerda nuestra posición como Su pueblo, dependiente de Su cuidado y dirección. Es un llamado a la humildad y adoración:adoremos y postrémonos; no como un acto obligado, sino como una respuesta natural al reconocer quién es Dios. Postrarse es mucho más que un gesto físico; es un acto de rendición del corazón, un reconocimiento de nuestra dependencia total de Él. Arrodillarse ante Dios, nuestro Hacedor, es el lugar más seguro y más elevado que podemos alcanzar, porque en Su presencia hallamos propósito y paz.


Él es nuestro Dios, nuestro Pastor fiel, no somos extraños para Él, somos Su pueblo, las ovejas de Su mano. Este verso nos recuerda que tenemos un Dios cercano, no distante. Su cuidado es personal y constante, como el de un pastor que conoce cada necesidad de sus ovejas. Cuando sentimos temor o nos encontramos perdidos, Su voz nos guía, Su mano nos sostiene y Su amor nos devuelve la esperanza. ¡Qué privilegio es pertenecer a Él!


Por ello, al contemplar la grandeza de Dios como nuestro Creador y Pastor, nuestros corazones no pueden evitar llenarse de gratitud. Nos arrodillamos no solo porque Él es digno, sino porque sabemos que siempre nos cuida. Cada desafío, cada alegría, cada paso está bajo Su guía perfecta. Por eso, con humildad y amor, nos postramos y decimos: “Gracias, Señor, porque nos sostienes con tu mano amorosa”. En momentos de incertidumbre o alegría, estas palabras nos animan a rendirnos completamente ante Él, confiando en Su guía y amor. 


Señor, mi Dios y mi Creador, venimos ante Ti con el corazón lleno de gratitud y reverencia. Nos postramos delante de Tu majestad, reconociendo que eres digno de toda alabanza, honor y gloria. Tú eres el Hacedor del cielo y la tierra, y aun así te inclinas para cuidarnos como un pastor cuida de sus ovejas. Gracias, Señor, porque no somos olvidados ni desamparados. Tú conoces cada uno de nuestros pasos, cada carga en el corazón, y con Tu mano amorosa nos sostienes. Aunque a veces nos sintamos débiles o perdidos, sabemos que Tú eres nuestro refugio seguro, el Dios que guía y provee en todo momento.


Hoy te entregamos nuestra vida, nuestros anhelos y temores. Ayúdanos a caminar siempre en obediencia y a confiar en que Tú, nuestro Pastor fiel, nunca nos dejarás. Que nuestros días estén llenos de Tu presencia, y que nuestro corazón siempre tenga un cántico de adoración para Ti. En el nombre de Jesús, amén.

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