MARZO 27

LA PALABRA DE DIOS

Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz.


2 CORINTIOS 4:6


Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz,es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

REFLEXIÓN

Es imposible contemplar una salida del sol sin sentir un estremecimiento en el alma. Hay algo profundamente conmovedor en ver cómo la luz vence a la oscuridad, cómo el cielo se tiñe de colores que solo Dios puede pintar. Esa luz que nos asombra cada mañana no es un accidente: fue ordenada por la voz poderosa de nuestro Creador.


Pablo escribió estas palabras en un tiempo de gran sufrimiento. La iglesia primitiva no vivía rodeada de privilegios, sino de persecuciones. Y sin embargo, él afirma con certeza que Dios ha encendido una luz que nada ni nadie puede apagar. Esa luz no es un simple consuelo emocional, es conocimiento, revelación y presencia. En un mundo que oscurece el alma con noticias duras, tensiones constantes y luchas internas, necesitamos volver nuestros ojos a esa luz eterna que da sentido a todo: Jesucristo, el resplandor de la gloria de Dios.


Cuando el corazón se siente apagado, cuando el miedo o el cansancio nos pesan,  recordemos que la misma voz que ordenó luz al universo, ha hablado sobre nosotros. recordemos que es Dios quien la ha hecho brillar la luz en nosotros. Solo tenemos que abrirnos a ella.  Este pasaje nos invita a dejar de buscar respuestas en nuestras propias fuerzas. No se trata de encender nuestra lámpara interior, sino de permitir que la luz de Dios nos invada, nos revele su gloria y nos muestre el camino. Que cada latido nuestro sea una respuesta a esa luz que no se apaga, que brilla en la faz de Cristo y que habita ahora en ti y en mí. 


Amado Padre celestial, me asombro ante la belleza de tu luz, y me conmueve pensar que esa misma luz ahora habita en mi corazón. Gracias por iluminar mi vida con tu gloria, revelada en el rostro de Jesús. No permitas que me acostumbre a tu presencia ni que olvide el milagro que has hecho en mí. Aviva en mí tu luz cada día, y que mi vida refleje el resplandor de tu amor. En el nombre de Jesús, Amén.