El que ama a Dios, ame también a su hermano.
1 JUAN 4: 20 - 21
20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.
El amor a Dios está íntimamente ligado al amor hacia los demás. No se puede separar uno del otro. Si alguien proclama amar a Dios pero actúa con odio o rencor hacia sus semejantes, contradice esa declaración con sus actos.
Amar a nuestros hermanos, especialmente a aquellos que nos rodean y con quienes interactuamos, es una expresión tangible de nuestra fe y devoción a Dios. El amor no es solo un sentimiento; es acción, paciencia, comprensión y perdón. En ocasiones, amar a otros puede ser difícil, especialmente cuando enfrentamos malentendidos, diferencias o heridas. Sin embargo, este mandamiento nos invita a superar esas barreras y reflejar el amor incondicional que Dios tiene por nosotros. Por ello, debemos ser coherentes entre lo que profesamos y lo que vivimos. Nuestro amor por Dios debe reflejarse en nuestras relaciones humanas. Es un recordatorio de que no podemos separar nuestra espiritualidad de nuestra vida diaria.
•Reflexionemos sobre nuestras relaciones: ¿Hay alguien a quien estás luchando por amar? Ora por esa persona y pídele a Dios que te ayude a amarla como Él lo haría.
•Practiquemos el amor en acción: Muestra compasión, ayuda y apoyo a quienes lo necesiten, empezando por quienes están cerca de ti.
•Busquemos la reconciliación: Si hay conflictos o heridas no resueltas con alguien, toma la iniciativa para sanar esa relación, confiando en la guía y fortaleza de Dios.
•Recordemos que el amor a Dios y el amor al prójimo no son conceptos separados, sino dos caras de la misma moneda. ¿Cómo crees que puedes aplicar este mandamiento en tu vida cotidiana?
Amado Padre celestial, hoy venimos ante Ti con humildad, reconociendo que a veces nos cuesta amar a los demás como Tú nos amas. Perdónanos por los momentos en que hemos permitido que el rencor, la impaciencia o el egoísmo dominen nuestros pensamientos y acciones. Señor, Tú nos has enseñado que el verdadero amor comienza con el prójimo, con aquellos que has puesto a nuestro alrededor. Ayúdanos a verlos con Tus ojos, a comprender sus luchas y a responder con compasión, incluso cuando sea difícil. Llena nuestro corazón de Tu amor, para que podamos reflejarlo en cada palabra, en cada gesto, y en cada relación.
Enséñanos a perdonar como Tú nos has perdonado, a buscar la reconciliación y a caminar en Tu paz. Que nuestros actos diarios sean testimonio de nuestro amor por Ti y por mis hermanos. Gracias por amarnos primero y por mostrarnos cómo amar. Danos la fortaleza y la gracia para vivir este mandamiento cada día, siendo luz y reflejo de Tu bondad en este mundo. En el nombre de Jesús, Amén.