MARZO 11

LA PALABRA DE DIOS

Cuando ustedes oren, no sean repetitivos

MATEO 6: 7 - 8


7 Cuando ustedes oren, no sean repetitivos, como los paganos, que piensan que por hablar mucho serán escuchados.


8 No sean como ellos, porque su Padre ya sabe de lo que ustedes tienen necesidad, antes de que ustedes le pidan.

REFLEXIÓN

Recuerdo una vez, hace muchos años, agobiada por una decisión importante, me senté tratando de expresar una oración, pero solo logré suspirar. Me sentí frustrada, como si no estuviera orando “bien”. En ese momento, me vino a la mente este pasaje de Mateo 6:7-8. ¡Qué consuelo tan profundo! Dios no está esperando discursos perfectos; Él ya sabe. Mi suspiro, que parecía poco, era ya una oración que Él comprendía del todo. Romanos lo confirma cuando escribe: “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Qué alivio tan profundo es saber que no necesitamos impresionar a Dios con palabras rebuscadas u oraciones extensas para que nos escuche. Jesús nos enseña que no se trata de repetir frases como si Dios fuera un juez difícil de convencer. Al contrario, Él es un Padre amoroso que ya conoce nuestras necesidades incluso antes de que las expresemos. Esta verdad cambia completamente nuestra manera de orar: no oramos para informar a Dios, sino para conectarnos con Él, para descansar en Su presencia, y abrir nuestro corazón con confianza.


Muchas veces, sentimos que no tenemos tiempo o energía para oraciones largas. Pensamos que si no decimos todo con precisión, Dios no nos entenderá. Pero eso es una carga que no nos pertenece. Nuestro Padre celestial no mide nuestra fe por la cantidad de palabras, sino por la entrega del corazón. Así como un niño se lanza en brazos de su madre sin decir nada, podemos acudir a Dios. A Él le conmueve nuestra confianza más que nuestra elocuencia. Él ya sabe. Y aún así, nos invita a venir a sus brazos. Por ello, tratemos de dejar a un lado la ansiedad y la apariencia. Podemos acercarnos a Dios con sencillez, en medio del tráfico, en una caminata, o en el silencio de la noche. Él no espera discursos largos, sino corazones sinceros. Cuando entendemos que Dios ya sabe lo que necesitamos, podemos soltar el control y confiar en que Su provisión llegará a tiempo. No se trata de cuántas palabras usamos, sino de cuánta fe depositamos en Él.


Dios no es un extraño lejano que necesita ser convencido, es nuestro Padre cercano que nos conoce profundamente. Podemos orar con libertad, con palabras simples o incluso con lágrimas silenciosas, sabiendo que Él está atento. Esta verdad transforma la oración en un refugio, no en una obligación. En tus momentos de silencio, en esos minutos breves entre tareas o en ese instante antes de dormir, no necesitas más que levantar el corazón. Dios no es indiferente a tus suspiros. Él ve, escucha, y actúa. Tal vez no sepas cómo orar, pero si te acercas a Él con sinceridad, eso basta. Tu Padre ya sabe lo que necesitas… y te ama más de lo que puedes imaginar.


Padre bueno, gracias por conocerme tan profundamente. Gracias porque mis palabras no son lo más importante para Ti, sino mi corazón. Gracias porque no tengo que esforzarme en encontrar las palabras correctas para que me escuches. Enséñame a orar con un corazón sincero, a ceer que Tú ya sabes lo que necesito, y que estás obrando incluso cuando no lo veo. Descanso en tu amor y en tu cuidado fiel. Ayúdame a confiar en que Tú estás atento incluso cuando no sé cómo expresarme. Que mis silencios también sean oración, que mis suspiros lleguen a Ti como incienso. Te entrego este día, mis pensamientos, mis cargas y mis anhelos. Gracias por saber, por escuchar, y por amar. En el nombre de Jesús, amén.

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