MARZO 23

LA PALABRA DE DIOS

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,


JUAN 10: 14-16


14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,


15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre;y pongo mi vida por las ovejas.


16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

REFLEXIÓN

Cuando Jesús dijo: “Yo soy el buen pastor”, estaba hablándole a un pueblo que entendía profundamente el simbolismo del pastoreo. En la Palestina del primer siglo, los pastores no eran simples cuidadores de animales, sino figuras de amor, sacrificio y vigilancia constante. El buen pastor conocía a cada oveja por su nombre, las defendía de los lobos y, si era necesario, daba su vida por ellas. Así se presentó Jesús: no como un líder distante, sino como uno que camina entre su rebaño, que siente con nosotros, que muere por nosotros. En un mundo de voces confusas y caminos inciertos, su voz sigue siendo inconfundible para quienes le pertenecen.


Pero el amor del Pastor no se limitaba al redil de Israel. “También tengo otras ovejas que no son de este redil”, dijo, revelando una verdad revolucionaria: su gracia no tenía fronteras. En un tiempo en que los gentiles eran considerados excluidos del favor divino, Jesús ya pensaba en ti, en mí, en todos los que alguna vez estaríamos lejos. Este mensaje rompe barreras, une pueblos, abraza al forastero. Él nos vio desde la eternidad, y decidió alcanzarnos con su voz de amor. En esa promesa late el corazón de la misión: llevar su voz a los que aún no la han oído.


Hoy día su llamado sigue resonando. Tal vez te sientas fuera del redil, desorientado, sin rumbo. Pero hay un Pastor que te conoce y te llama por tu nombre. No necesitas hacer méritos ni demostrar perfección; solo necesitas oír su voz y seguirle. En un mundo fragmentado por la desconfianza, Jesús sigue reuniendo corazones dispersos en un solo rebaño, bajo su tierno cuidado. Si ya eres parte, cuida a otros como Él cuida de ti,  Él te busca, porque para Él, tú vales una vida entera.


Señor Jesús, buen Pastor de mi alma, gracias por conocerme, por llamarme por mi nombre, por dar tu vida por mí. Cuando estuve lejos, me buscaste con ternura y me trajiste a tu redil. Ayúdame a reconocer tu voz en medio del ruido del mundo, y a seguirte con confianza y gratitud. Que también yo sea instrumento para que otros oigan tu llamado. Que entienda que no eres una religión, un grupo, sino que eres Tú el primero y el único, la razón de todo. Une nuestros corazones como un solo rebaño bajo tu cuidado. Amén.

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