FEBRERO 23

LA PALABRA DE DIOS

Si puedes creer, al que cree todo le es posible.

MARCOS 9: 23 - 24


Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.24E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.

REFLEXIÓN

La fe es el puente entre nuestra necesidad y el poder de Dios. En Marcos 9, un padre desesperado lleva a su hijo a Jesús, buscando sanidad. Su fe es frágil, llena de dudas, pero aún así clama: “Creo; ayuda mi incredulidad”. Esta súplica refleja nuestra lucha diaria: queremos confiar plenamente en Dios, pero el miedo, la incertidumbre y la lógica humana a menudo debilitan nuestra fe. Sin embargo, Jesús no rechaza la fe imperfecta de este hombre; al contrario, responde con compasión y poder, mostrando que no es la cantidad de fe lo que importa, sino en quién la depositamos (Mateo 17:20).


Todos enfrentamos momentos en los que nuestra fe se siente insuficiente. Quizás oramos por un milagro, por dirección o por fortaleza, pero nos invade la duda. En esos momentos, la clave no es fingir que no dudamos, sino llevar nuestra incredulidad ante Jesús. Él no nos exige una fe perfecta; nos invita a confiar en Su gracia, incluso cuando nos sentimos débiles. Como Pedro cuando caminó sobre las aguas y comenzó a hundirse, podemos clamar: “Señor, sálvame” (Mateo 14:30), y Él extenderá Su mano.


Hoy, cualquiera que sea la batalla que enfrentas, entrégale a Dios incluso tu fe tambaleante. No tienes que ser fuerte por tu cuenta; solo necesitas acudir a Él con sinceridad. Jesús honra la fe humilde que reconoce su necesidad. Como aquel padre angustiado, podemos orar: “Señor, creo; pero cuando la duda me asalte, ayúdame a confiar en Ti”. Que nuestra confianza no dependa de lo que vemos, sino de la certeza de que Dios es fiel y nada es imposible para Él (Lucas 1:37).


Señor, en este día vengo ante Ti con un corazón que anhela creer sin reservas. Pero confieso que a veces la duda me invade, y temo lo que no entiendo. Como aquel padre angustiado, te pido que ayudes mi incredulidad. Aumenta mi fe, enséñame a confiar en Tu poder y amor, aun cuando no vea respuestas inmediatas. Tú eres el Dios de lo imposible, y en Ti pongo mi esperanza. En el nombre de Jesús, amén.

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