FEBRERO 1

LA PALABRA DE DIOS

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna

JUAN 3: 16 - 17


16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él

REFLEXIÓN

Hay un amor que trasciende toda comprensión humana, un amor tan profundo que fue capaz de entregar lo más precioso para rescatar a quienes estaban perdidos. Juan 3:16 es uno de los pasajes más hermosos del Evangelio. Resume el amor inmenso de Dios y su plan de salvación para la humanidad. Es un recordatorio poderoso de que la fe en Cristo no solo nos rescata, sino que nos da vida eterna. Nos recuerda que Dios no solo nos amó, sino que nos amó de tal manera que dio a su Hijo unigénito. No fue un amor condicional ni pasajero, sino un amor eterno que se manifestó en la cruz. Cuando el mundo nos hace sentir indignos o insuficientes, recordemos que fuimos valorados al precio más alto: la sangre de Cristo. 


Dios no envió a Jesús para señalarnos con juicio, sino para abrirnos un camino de salvación. Muchos viven con el temor de no ser lo suficientemente buenos para Dios, pero la verdad es que la salvación no depende de nuestro esfuerzo, sino de Su gracia. Jesús vino a restaurarnos, a darnos nueva vida, a liberarnos de la culpa y el pecado. En Él hay perdón, hay restauración, hay esperanza. Jesús no vino a condenar, sino a salvar, mostrando el carácter misericordioso de Dios.


Dejemos que este amor transforme nuestra vida. No es solo una historia antigua ni un concepto teológico; es una realidad presente que nos envuelve, sostiene y nos llama. Creamos en Jesús, entreguémosle  el corazón y experimentemos la paz de saber que en Él tenemos vida eterna. No hay amor más grande que este. Recordemos que somos preciosos para Dios. ¡Vivamos en esa verdad!


Señor amado, hoy nos acercamos a Ti con gratitud y asombro por el amor inmenso que nos has dado. Gracias por entregar a Tu Hijo por nosotros, por amarnos aun cuando no lo merezcamos, por buscarnos cuando estabamos perdidos y por darnos vida cuando solo conocíamos la oscuridad.


Te pedinmos, Señor, que este amor transforme nuestro corazón. Que no solo sea una verdad que conocemos, sino una realidad que vivamos cada día. Líbranos del temor, de la culpa y de la duda. Ayúdanos a confiar en Tu gracia, a descansar en Tu perdón y a caminar con la certeza de que en Ti tenemos vida eterna. Hoy nos rendimos a Ti, Jesús. Tómanos, moldéanos y úsanos para Tu gloria. Que nuestra vida refleje el amor con el que nos has amado, para que otros puedan conocerte. En el nombre de Jesús, amén.

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