MARZO 30

LA PALABRA DE DIOS

Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra

ISAÍAS 65: 17


Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.

REFLEXIÓN

Cuando el profeta Isaías pronunció esta promesa, el pueblo de Israel se encontraba en medio de una profunda crisis espiritual y social. Muchos vivían en el exilio, alejados de su tierra, con la esperanza quebrantada y la memoria cargada de culpa, dolor y pérdida. En ese contexto, Dios les habla de una nueva creación: nuevos cielos y nueva tierra. No se trata solo de un cambio geográfico o político, sino de una transformación profunda y radical de todo lo que conocían. Una promesa de restauración total, en la que ni siquiera las heridas del pasado tendrían lugar en el recuerdo.


Hoy también nosotros cargamos con memorias que pesan: errores cometidos, relaciones rotas, sueños truncados. Nos aferramos, a veces, al dolor como si fuese parte de nuestra identidad. Pero este versículo es un susurro de esperanza: Dios no solo promete reparar lo roto, sino hacer algo completamente nuevo. Él no quiere que vivamos atados a lo que fue, sino que abracemos con fe lo que viene. La obra de Dios no consiste en parchar el pasado, sino en recrear el futuro. Y ese futuro comienza desde el corazón que se abre a su renovación.


¿Puedes imaginar una vida en la que ni siquiera recuerdes lo que una vez te quebró? Eso es lo que Dios te ofrece. Una existencia tan llena de su presencia, tan rebosante de paz y gozo, que el pasado perderá su poder. Así como el exilio no fue el final para Israel, tu dolor no es el punto final de tu historia. Dios está escribiendo un nuevo capítulo. Solo necesitas creerle… y dar el paso.


Amado Señor, gracias por tu promesa de hacer nuevas todas las cosas. Tú conoces las heridas que aún me duelen y los recuerdos que me persiguen. Hoy quiero soltarlos y abrirme a tu renovación. Dame fe para creer en lo que aún no veo, y esperanza para caminar hacia lo que has preparado. Crea en mí un corazón nuevo, y haz de mi vida una tierra fértil para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.